martes, 12 de enero de 2016

El lenguaje de los nuevos tiempos



Ideas de los nuevos tiempos no cala aún en una población

La modernidad llegó estableciendo nuevas dinámicas sociales y nuevos entendimientos entre dirigentes y dirigidos. La riqueza, dijeron, se iba a democratizar con el advenimiento de más y mejores servicios al alcance de las mayorías, haciendo que la humanidad viva con mayor confort. Las grandes industrias quedarían para unos cuantos, contratando gente con conocimiento, dispuesta a ofrecer sacrificios físicos y mentales a cambio de mejores y hasta privilegiadas remuneraciones.

El mundo sigue su destino para quienes creen en el determinismo de la creación o se edifican día a día por el libre albedrío de las mentes innovadoras. Sea como mejor crea usted, la humanidad continúa su curso y quien no se adapta a las nuevas corrientes está destinado al fracaso y al olvido.

Estar bien informados ahora es una urgencia de vida o muerte. Las necesidades de la raza humana ya no son, como decía el humanista Abraham Maslow, y otros antes de él, casa, comida, vestido y el yo personal. No, los nuevos tiempos trajeron sus propios productos generando nuevas necesidades. Dice Anuor Aguilar, experto en marketing, en auditorios abarrotados de gente joven, que WI-FI y conexión permanente son las necesidades básicas de los nuevos tiempos. ¿Para qué? Para todo lo que usted quizá ni se imagina.

Cuando oímos todavía a ciertos dirigentes provincianos y capitalinos hablándonos de la patria socialista, de Fidel Castro y del Che Guevara, de recursos estratégicos, de un Estado todopoderoso y paternalista como la visión del país que quieren construir, oímos a dinosaurios empeñados en petrificarse por sí mismos, arrastrando detrás de ellos a su legión de seguidores que todavía tienen, estancados en el tiempo, masticando frustraciones, añorando ideologías que fueron fuente de pobreza e injusticia en el mundo. Cuando oímos a una izquierda con el mismo discurso del siglo pasado que ha impedido el despegue del país, frenando entusiasmos individuales y creatividad de más peruanos, exigiendo más derechos y ofreciendo menos deberes que cumplir, y cuando hordas de antimineros detienen nuevos proyectos que traerían más progreso para la serranía, confirmamos que el país es aún virgen en ideas innovadoras de alcance masivo.

El lenguaje de los nuevos tiempos no cala aún en una población estancada en el siglo XVIII que cree en el mercado, que se ingenia negociando lo que puede, pero que aún es incapaz de discernir un proyecto político libertario dándole mayor bienestar a él y a su familia, negándole al país una modernidad acorde con la actualidad. Taras y frustraciones le impiden a esa población desechar tanta demagogia esparcida con tanto desparpajo. La envidia y la mezquindad son todavía preponderantes en un Perú que se no despabila como se quisiera. Muchos lastres en mentes y corazones.

Cuán importante es, entonces, que la educación escolar deje de fomentar astucias para salvar las calificaciones de un libreto que no promueve ni hombres interesados en el aprendizaje constante ni hombres de bien. Cuán perjudicial es la creencia de que la titulación es más importante que el conocimiento adquirido.

Se espera que un nuevo tipo de políticos, con el lenguaje de los nuevos tiempos, le digan a la población que hay que reformular el Estado, la Policía Nacional y la regionalización, eliminar tantas normas y leyes que se confunden entre sí para detener todo emprendimiento y que los medios deben revisar sus contenidos.

Por: Manuel Gago